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Un santo Millennial 

No hay un consenso exhaustivamente preciso para señalar el inicio y el fin de la generación “millennial” pero, lo que sí está claro, es que las personas nacidas en 1991 son millennials, pues caen dentro de esta demarcación en todos los indicadores de referencia. Carlo Acutis nace en ese año, Carlo Acutis es millennial, Carlo Acutis va a ser beatificado próximamente; es decir, el Papa va a reconocer solemnemente que ya goza de la presencia de Dios y puede interceder desde el Cielo por el pueblo cristiano. Tenemos, en consecuencia, a un santo millennial.

¿Por qué es importante contar con un “santo millennial”? Lo sabemos muy bien: para el cristiano el único modelo es Cristo. A Él es a quien hay que imitar, pero ¿es posible hacerlo? Los santos nos confirman en que eso es posible, en que el cristianismo no es una bonita doctrina imposible de vivir, sino que puede encarnarse en la vida de personas de todas las épocas y latitudes. Por eso son importantes los santos, pues nos animan en nuestro camino, nos hacen ver que, a pesar de los esfuerzos y sacrificios, el camino cristiano es realizable, pues personas como nosotros lo han recorrido con éxito. ¡Es posible identificarse con Jesucristo en el mundo de hoy!, eso es lo que proclama un “santo millennial”.

Vale la pena insistir. Pudiéramos escudarnos en excusas baratas: “cuando Jesús vivió no había carros, ni internet, ni pornografía, ni redes sociales; cuando la mayoría de los santos vivieron, tampoco, quizá antes se podía, ahora ya no se puede”. Podríamos, con razonamientos más o menos semejantes, justificarnos pensando que la santidad no es asunto nuestro, pues ahora el pecado está “a un clic de distancia en nuestro Smartphone”, y eso no sucedía antes. Tener un santo millennial derriba todas esas excusas, mostrándonos cómo se puede amar e imitar a Jesucristo en el mundo de hoy, y no en otro ideal e inexistente.

Carlo Acutis creció y vivió con internet, alcanzó a conocer Facebook, aunque ya no le tocó el iPhone, pues murió en 2006, mientras que ese teléfono inteligente fue lanzado en 2007. Cultivó la pasión por la informática, para la que tuvo gran talento. De hecho, Acutis abre una nueva avenida para dar a conocer a Dios y servirlo: el mundo virtual. En el mismo ámbito en que multitud de personas han encontrado ocasión para el enfriamiento de su fe y el empobrecimiento de su moral, Carlo Acutis descubre el ámbito desde el cual se puede servir a Dios, dar buena doctrina, comunicar el evangelio. Ofrece un acabado ejemplo de “ciber-apostolado”, donde enlaza maravillosamente la profundidad de su vida cristiana con su capacidad técnica para diseñar páginas web. Une la vida de fe con una precoz competencia profesional en el campo de la informática. Fruto de ese binomio es www.miracolieucaristici.org, una página sobre milagros eucarísticos que ha servido para evangelizar a jóvenes a lo largo y a lo ancho del mundo, en parroquias, colegios y universidades.

Un chico normal, con habilidades en el ciberespacio, amante del aire libre –el abundante testimonio fotográfico que de él tenemos da cuenta de ello-, con profunda inquietud social, nos muestra un camino no fácil, no cómodo, pero sencillo para alcanzar la meta de la vida cristiana: la santidad; esto es, amar a Jesucristo e imitarlo. ¿Cuáles fueron las claves de esa vida profundamente humana y cristiana? Él mismo lo dice: “Estar siempre unido a Jesús, ese es mi proyecto de vida”. ¿Y cómo lo consiguió?, nuevamente, de sus labios obtenemos la respuesta, pues consideraba a la Eucaristía “mi autopista hacia el cielo”.

Un millennial que simultáneamente es un santo cibernauta y eucarístico. Si no se está primero lleno de Jesús, no se puede evangelizar el frío mundo digital. Una vez colmado de Jesucristo, puede lanzarse con audacia a la evangelización del ciberespacio. Acutis tenía un “kit para hacerse santo”, que marcaba su “plan de vida”: Eucaristía, rosario y lectura diaria de la Biblia, confesión frecuente y ayuda a los necesitados a través de la catequesis y la asistencia a comedores para indigentes. Es decir, armonizaba competencia profesional, vida cristiana y ayuda social con una gran naturalidad, sin afectaciones escénicas, al punto de que solo en el momento de su muerte su familia y amigos fueron conscientes de la labor social que realizaba.

Finalmente, el milagro que le abrió el camino a los altares, fue la curación instantánea, al contacto con su reliquia, de un páncreas anular que provocaba vómitos constantes a un niño brasileño. Tenemos ahora un modelo de cómo internarnos en el agresivo mundo virtual, para transformarlo, vacunados con el amor hacia Cristo Eucaristía.

 Mario Arroyo

Doctor en Filosofía

p.marioa@gmail.com

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