Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|viernes, agosto 23, 2019
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Un solo Señor, una sola fe 

En un principio esta instalación podría ser lo que muchos considerarían una tomadura de pelo, otra desvariada del mundo del arte contemporáneo que llama a cualquier cosa “obra de arte”. A simple vista solo ves unas bolsas de papel en el suelo rellenas de tierra y enlazadas con un cordel, pero todo cambia cuando entras a comprender su significado…

Hay que evitar juzgar por apariencias; nosotros mismos guardamos una riqueza interior deslumbrante en cuanto se descubre el alma. Esperad a descubrir la profundidad de esta instalación. Os va a impactar por el elaborado simbolismo que contiene con una imagen sencilla y pura, cargada de misticismo y doctrina teologal. ¡Preparaos para alucinar!

Las doce hileras de bolsas de papel que veis alineadas por filas y columnas hacen referencia a las doce tribus de Israel, doce los hijos de Jacob, doce los apóstoles. En la Biblia, el número 12 es gobierno total y perfecto de Dios sobre el hombre, y aquí alude a la humanidad, al conjunto de todos nosotros. Incluso simboliza el tiempo que encuadra nuestra vida cotidiana; nuestro día a día, después de miles de años, aún esta codificado por las doce horas del día y de la noche, en los doce meses del año.

Cuando se observa esta instalación a distancia parece que la uniformidad de las bolsas representan una globalidad uniforme y estática, pero en cuanto te aproximas, cada bolsa es única, de la misma manera que cuando hablas con una persona individualmente dentro de un grupo, ves su particularidad diferenciada de la de los demás. Cada bolsa de papel personifica al individuo; pintada de rojo y rellena de tierra en el interior simboliza la sangre, las raíces de cada uno, nuestro bagaje particular.

En palabras del propio artista, “el envoltorio con forma cuadrada es un símbolo específico de los procesos mentales que nuestra racionalidad efectúa para construir las ideas. Nuestra forma de concebir conceptos como justicia, paz, bondad, amor, etc. puede variar totalmente según nuestro lugar de origen, los hábitos de aquellos que nos precedieron y de nuestra experiencia personal vivida”.

En Nombre de Dios

una fe de supermercado

Como podéis observar, cada bolsa lleva inscrito el nombre de Dios en un idioma diferente, haciendo referencia a todos los nombres que le damos a Dios. Como si cada uno de nosotros llevara en una bolsa a nuestro propio dios, casi de una forma material y consumista, confinando a una bolsa de la compra un dios creado a nuestra imagen y semejanza. El artista critica la “fe de supermercado”, esa fe basada en opiniones, donde cada uno escoge lo que le interesa y fabrica su propio credo. Para evitar la catástrofe del relativismo, el artista rodea la rigidez de las bolsas por una cuerda trenzada de color púrpura —el color de la espiritualidad— como símbolo de Dios, el Buen Pastor, que reúne hacia Él con misericordia a todos los pueblos de la Tierra. Aunque a Dios se le llame de diversas maneras, le proclamemos en diferentes culturas y tradiciones, Dios es uno: “Un solo Señor, una sola fe” (Ef 4,5)

Un dato curioso de la obra es que existe un espacio vacío en el centro sin bolsas, que hace alusión a las personas sin fe, que viven un vacío espiritual, que se hunden en soledad… Pero es bonito observar que están rodeadas por otras bolsas que se alzan rectas a su costado, como acompañándolas y arropándolas en su angustia vital.

La sensibilidad de este artista es extraordinaria. Giovanni Canova, es un joven católico italiano que vive en Eslovaquia con su mujer, concertista de cello. Canova busca a través de la sencillez de sus obras manifestar la grandeza de la fe cristiana. Durante años dudó de su vocación hasta que un día, tras largo discernimiento, comprendió que Dios le llamaba a predicar con el arte, en vez de entrar en el seminario. Utiliza el arte trabajando con instalaciones, escultura o pintura como vehículos teologales que nos conducen a Cristo con un lenguaje conceptual, actual y vanguardista. Es un joven dinámico, creativo que vive en su tiempo y época, enamorado de Dios y entregado a ser puente entre el arte y la fe.

 

María Tarruella Oriol
Comisaria de Arte + Fe

 

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