Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|domingo, agosto 18, 2019
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Una heroína de los tiempos modernos 

Uno conserva, teñido de serena nostalgia, un recuerdo que agradece a Dios: haber conocido y tratado de cerca, en varias ocasiones, a la Madre Teresa de Calcuta. ¿Acaso hubo, en el siglo XX, quince, diez, cinco personas que hayan dejado un recuerdo tan duradero de bondad evangélica, de un gran amor a Jesús por ella identificado y servido en los Pobres?

De los 87 años que vivió, hasta más o menos los 50, fue prácticamente desconocida. Si a partir de tal edad se la empezó a conocer no fue porque tratase de ponerse bajo el reflejo de  ningún foco fosforescente. Tampoco fue que la luz de sus buenas obras prendiese de improviso, y aún menos que hasta entonces hubiera permanecido apagada. Intervinieron circunstancias nuevas en una conducta que desde la primera infancia se había dejado guiar por la Providencia y brilló con mayor fulgor. Ocurrió como eco del Sermón de la Montaña: “Así luzca vuestra luz entre los hombres para que, viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5,16).

Sus padres pertenecían al escaso diez por ciento de los que eran cristianos entre los aproximados 20.000 habitantes que, a comienzos del siglo pasado, integraban la población de una Skopje entonces sometida a Albania y hoy capital de la República de Macedonia. Dicen quienes la visitan que es una ciudad moderna, atractiva, que sólo desde hace algunos años tiene conciencia de haber sido la cuna de la Beata Teresa de Calcuta, otrora llamada Gonxha Bojaxhiu. Lo de Teresa vino cuando, al profesar en la India como religiosa, tuvo que cambiar el nombre de pila, y escogió el de la homónima del Niño Jesús, entonces recién canonizada y dos años más tarde proclamada Patrona de las Misiones.

magisterio de fe y caridad

La vocación misionera fue lo que empujó a Gonxha, a los 18 años de edad, a abandonar Skopje para ingresar en las Hermanas de Nuestra Señora de Loreto. El hecho supuso en setiembre de 1928 un largo viaje, primero en tren desde Skopje hasta Dublín, donde la Congregación tenía la casa madre, y, un mes más tarde, en barco desde Irlanda hasta Calcuta. Somos conscientes de lo que implicaba tener que cruzar tantas fronteras en tales medios de transporte, y la distancia entre su albanés nativo, único que Gonxha hablaba, y un inglés que desconocía por completo que se hablaba en Calcuta, donde desembarcó un día tan simbólico para su “caminar misionero” como el 6 de enero, fiesta de la Epifanía.

¿Quién no imagina el desgarro que tuvo que significar para la buena hija y hermana que era la joven Gonxha cuando, en la estación de Zagreb hasta donde la habían acompañado su madre Drana y hermana Aga, le dieron el último beso de despedida, intuyendo —lo que fue realidad— que ya no se volverían a ver?

Fundadas en 1630 por una Mary Ward recientemente  reconocida como Venerable (19-12-2009), las Hermanas de Nuestra Señora de Loreto se conocen también por otras denominaciones: Damas Irlandesas, Hermanas de Nuestra Señora de Loreto, aunque consten en el Anuario Pontificio como Instituto de la Bienaventurada Virgen María (IBVM).

En la Hermana Teresa tuvieron la primera postulante-novicia-profesa eslava en sentido cronológico. Uno no conoce estadísticas ni juicios de calidad de otras religiosas de la misma congregación también eslavas. Con convencido énfasis, las “lauretanas” se proclaman orgullosas de la que la fundadora de la Congregación Misioneras de la Caridad, hoy más dinámica, en crecimiento y hasta en dinamismo testimonial, hubiera sido seguidora fiel de Mary Ward. Lo afirmó ella misma: “En mi corazón soy una hija de Mary Ward y de su Instituto”.

Se ofendería el buen sentido del lector explicando que ser misionero consiste solo en tratar de convertir a la fe cristiana a los que profesan otra o ninguna. En tanto fue Hermana de Loreto (virtualmente, toda la vida), armonizado con lo que aún fue más —Misionera de la Caridad—, la Hermana Teresa observó con fidelidad y convicción la regla dictada por Mary Ward. Lo cual, para ella, bien entendido que sumado a las prácticas religiosas, consistió en dedicarse a la enseñanza. En Calcuta tenían dos colegios. Uno, el Loreto High School, de enseñanza secundaria. Otro, el Loreto Entally,  de cultura general. Cada uno con medio millar de alumnas. Las del primero, externas, de pago. Las del segundo, internas, gratuito y de familias pobres.

La obediencia situó a la Hermana Teresa en el primero. Un día, cuando ya estaba al frente de su nueva congregación, interrogada sobre su vida en Loreto, la Madre Teresa aseguró que le gustaba enseñar por obediencia, pero que no le correspondía a ella decir si había sido o no una buena profesora. Quienes lo podían decir eran las que habían sido sus alumnas. Que, en todo caso, “bien llevada, la enseñanza es un apostolado muy eficaz”.

La enseñanza ya la había ejercido un poco en Skopje, en la parroquia del Sagrado Corazón, que frecuentaban ella y su familia. Lo hizo como catequista y como integrante del coro parroquial. También se prestaba con generosidad a preparar exámenes a coetáneas.

En la Loreto High School dio clases de Geografía y de Historia, llegando a desempeñar con solvencia el cargo de directora de estudios. Fue igualmente profesora de religión, tarea que para ella era bastante más que materia teórica. Hasta donde se lo consentían las normas de clausura, aprovechaba las posibilidades de salir al exterior para visitar y socorrer, dentro de lo posible, las necesidades que se daba cuenta eran muy abundantes. Sin ponerse como modelo, algo innecesario para la mayoría de sus alumnas testigos de su sensibilidad y conducta, las animaba a que no redujesen la materia de Religión a tema nocional sino que procurasen incorporarla a sus conductas.

“ven y sé mi luz”

La situación adquirió sumo dramatismo a partir de los años 40, coincidiendo con la hambruna provocada por la Segunda Guerra Mundial, en que la que la India se vio implicada por su condición de colonia británica. Las precarias condiciones de vida del país aún lo fueron más. Fueron los años culminantes de la acción de Mahatma Gandhi, que moriría asesinado en 1948.

Antes de que terminase el conflicto mundial, el Colegio Entally fue requisado y convertido en hospital de guerra. La Hermana Teresa, que ya se había volcado a favor de los pobres, se sobrepuso a miedos que nunca había tenido y se volcó en busca de alimentos y de auxilio para las necesidades más desbordantes.

Su biografía experimentó por entonces un episodio trascendental. No tuvo mucho que ver, digamos, con la caída de Pablo camino de Damasco. La Hermana Teresa viajaba en tren, en la noche —10 de setiembre de 1946—, de Calcuta a Darjeeling: un tren abarrotado como eran entonces los de la India. Nadie piense que jamás la ex Gonxha Bojaxhiu fuera una visionaria. Iba a hacer ejercicios espirituales, como había ido todos los años desde que en Darjeeling había hecho el noviciado (1929-1931).

En aquel tren abarrotado, mientras iba rezando el Rosario —¡cuántos Rosarios rezó la Madre Teresa y enseñó a rezar a sus Hijas!—, tuvo una “inspiración” que las Misioneras de la Caridad siguen conmemorando todos los años como la Noche de la Inspiración. No hay biografía, extensa o breva, que no aluda a ella. La Madre Teresa la describió como “una llamada dentro de la llamada”, que le hizo comprender “adónde tenía que ir pero no cómo llegar”.

la elección por los más pobres

Fue algo muy incómodo dejar la Congregación cuando se sentía en la obra de Mary Ward, “la religiosa más feliz del mundo”. Pero así lo hizo tras oraciones y consultas por carta a sus superioras de la India y de Irlanda, a su director espiritual, al Arzobispo de Calcuta a través del que quiso contar con el juicio y la aprobación de Roma. Ella misma afirmaría haber sufrido más, cuando el 16 de agosto de 1949 traspuso la puerta de Loreto, que cuando, en el ya lejano septiembre de 1928, había tenido que abandonar a su familia de Skopje para seguir la llamada a las misiones.

A pesar de todo, no hizo el menor ruido, sino que procedió con total discreción. Pero la estima y cariño que le profesaban sus alumnas y la casi totalidad de sus hermanas de congregación impidieron que pasasen desapercibidos su “abandono” y su labor de asistencia a los pobres más pobres, en quienes cada vez más veía identificado a Jesús. Tal fue así que en seguida diez de sus alumnas, entre las más preparadas, le pidieron que las admitiese como partícipes de su iniciativa de caridad. Lo cual significaba ofrecer la comida que le surtía la Providencia y alojamiento a enfermos abandonados, la mayoría agonizantes por las calles de Calcuta.

La Hermana Teresa no hacía proselitismo ni de alumnas que la siguiesen ni de moribundos para convertirlos. A las alumnas les pedía que considerasen las consecuencias de un paso que supondría el abandono de una situación social más que acomodada por una de extrema pobreza voluntaria y la renuncia a saris elegantes por uno de las mujeres pobres. Y les encarecía que, antes de dar un paso tan decisivo, lo pensasen y rezasen mucho, prometiéndoles que también ella lo haría.

Lo que se define como “tiranía del espacio” nos obliga a dejar para los números posteriores de la revista Buenanueva detalles sumamente ejemplares de la Vida y Obra de la que ha sido proclamada el 19 de octubre de 2003, “Beata Teresa de Calcuta”. Aunque ya en vida,  medio mundo y la mitad del otro la proclamaba “santa”. Por cierto, no sin humillación de su parte…

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