Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|domingo, agosto 18, 2019
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Una historia narrada. Nada se pierde 

John Powell, un profesor de una universidad de Chicago, narra la historia de un estudiante de su clase, llamado Tommy: Hace unos doce años atrás, yo estaba de pie observando a mis estudiantes mientras entraban al salón para su primera clase. Ése fue el primer día que vi a Tommy. Este chico tenía una larga cabellera que caía por debajo de sus hombros. Ese día lo catalogué como “extraño… muy extraño”. Tommy resultó ser el “ateo de la clase”. Constantemente objetaba, sonriendo sarcásticamente sobre la posibilidad de un Dios/Padre que nos ama incondicionalmente.

Cuando al terminar el curso vino a entregar su examen final, me preguntó con un tono algo cínico:

-¿Cree usted que alguna vez yo encuentre a Dios?

Inmediatamente contesté “¡no!”.

-¿Por qué no?, me respondió, yo creía que ése era el producto que usted vende.

– Dejé que caminara unos cinco pasos hacia la puerta y alcé mi voz para decirle:

– ¡Tommy! Tú nunca encontrarás a Dios, pero probablemente Él te encontrará a ti.

Él se encogió de hombros y salió de la clase y de mi vida.

Me quedé algo frustrado por el hecho de que no había captado mi ingeniosa observación: “¡Él te encontrará a ti!”.

Un tiempo después me enteré que Tommy se había graduado. Más adelante supe que Tommy padecía de un cáncer terminal y, sorprendentemente, vino a verme. Lucía demacrado y su larga cabellera había desaparecido debido a la quimioterapia. Pero sus ojos brillaban y su voz tenía una firmeza que no tenía antes.

– Tommy, he pensado mucho en ti, oí que estás enfermo, le dije.

– ¡Oh, sí, muy enfermo! -, respondió, tengo cáncer en ambos pulmones. Es cuestión de semanas.

– Tom, ¿qué se siente tener solo 24 años y estar en ese estado?, dije.

– Bueno, podría ser peor.

– ¿Peor, cómo qué?

– “Bueno, como llegar a los cincuenta años sin tener valores o ideales; o llegar a los cincuenta creyendo que beber, seducir mujeres y hacer dinero son ‘lo máximo’ de la vida.” Parece ser como si a todo aquel que yo había rechazado en él, Dios lo devolviera a mi vida para que me educara.

– Vine a verlo por algo que usted me dijo el último día de clases. Usted dijo que Él me encontraría, ¿recuerda?

Estuve pensándolo mucho, aunque no se puede decirse que mi búsqueda fuera intensa. Pero cuando los doctores removieron el tumor que tenía en la ingle y me dijeron que era maligno, ahí empecé a buscar seriamente a Dios. Y cuando el cáncer se regó a mis órganos vitales, empecé a golpear fuertemente con mis puños las puertas del Cielo, pero Dios no salió. De hecho, no pasó nada.

Bueno, pues un día me desperté y en lugar de estar lanzando reclamos inútiles, me rendí… Decidí que en realidad no me importaba Dios, ni una vida después de la muerte, ni nada parecido.

Decidí pasar el tiempo que me quedara haciendo algo provechoso. Pensé en usted y en su clase y recordé otra cosa que usted había dicho: “La mayor tristeza es pasarse la vida sin amar. Y sería igualmente triste irse de esta vida sin nunca haberle dicho a los que uno ama, que los ama”.

Así que empecé por lo más difícil: mi padre.

Él estaba leyendo el periódico cuando me le acerqué.

– Papá …

– ¿Qué? -, preguntó sin quitar sus ojos del periódico.

– Papá, quisiera hablar contigo.

– Bueno, habla.

– Papá… es algo verdaderamente importante.

Bajó el periódico lentamente.

– ¿De qué se trata?

– Papá, yo te amo. Sólo quería que lo supieras. (Tom sonrió mientras lo contaba con satisfacción, como si sintiera un gozo cálido y secreto, que fluía a través de su interior.)

Entonces mi padre hizo dos cosas que no recuerdo que hubiese hecho antes. Lloró y me abrazó. Estuvimos hablando toda la noche, aunque él tenía que ir a trabajar al día siguiente.. Me sentí tan bien de estar cerca de él, de ver sus lágrimas, de sentir su abrazo y de oírle decir que me amaba.

Después fue más fácil hacerlo con mi madre y con mi hermano pequeño. También ellos lloraron conmigo y nos abrazamos y nos dijimos cosas bonitas los unos a los otros. Compartimos las cosas que habíamos guardado en secreto por tantos años. Sólo me arrepiento de una cosa: de haber esperado tanto tiempo.

Ahí estaba, comenzando a abrirme a todas las personas que siempre habían estado tan cerca de mí. Entonces, un día me volteé ¡y ahí estaba Dios! No vino a mí cuando yo se lo rogaba

Imagino que yo me portaba como un entrenador de animales aguantando el aro para que saltaran: ¡Vamos, salta! Te doy tres días, tres semanas.’ Aparentemente Dios hace las cosas a Su manera y a Su hora. Pero lo importante es que Él estaba ahí.

¡Me había encontrado! Usted tenía razón, me encontró aún después de que yo dejé de buscarlo.

– Tom, le dije casi sin aliento, estás diciendo algo más universal de lo que tú te puedas imaginar. Lo que estás diciendo es la forma más segura de encontrar a Dios: Es la de no hacer de Dios una posesión particular, un solucionador de problemas, un consuelo instantáneo en tiempos de necesidad, sino abrirse al amor. El apóstol Juan dijo: “Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.”

– Tom, ¿cuando te tenía en mi clase eras una verdadera molestia, pero ahora esto lo compensa por todo.

Tom dio el gran salto de la fe a la visión.

Él encontró una vida más hermosa que todo lo que había vivido antes de que muriera.

John Powell, Profesor de Loyola University, Chicago.

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