Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|miércoles, octubre 23, 2019
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Una sonrisa inolvidable 

Siempre me ha sorprendido cómo se dibuja en nuestro rostro una sonrisa cada vez que miramos a un bebé, a un niño pequeño, cuando lo encontramos en el autobús, en el metro, o nos lo cruzamos por la calle. Es inevitable fijarse en él y sonreir.

Del mismo modo, o quizás con más énfasis, sonreímos cuando vemos al niño al que hemos ayudado a nacer. Y la sonrisa que él nos devuelve, no tiene precio.

Es el caso de Alejandro, un niño que nació gracias a que pudimos llegar a tiempo a su madre, angustiada por tener que abortarlo.

Todo sucedió hace casi dos años, Jaquelin estaba embarazada de 4 meses, pero no lo sabía con certeza. Unos dolores de espalda la llevaron a su médico de familia que le hizo una radiografía. Cuando se confirmó su embarazo, en el 5º mes, la doctora le aseguró que esa radiografía le había producido a su hijo una malformación tan grave que había que abortarlo de inmediato. Allí mismo le pidió cita en un centro privado de Madrid, donde al día siguiente le hicieron una ecografía, que no le enseñaron por supuesto, como es preceptivo en esos centros, y le aseguraron que estaba en su 5º mes de embarazo y quedaba poco tiempo para practicarle un aborto bajo el supuesto legal de “malformaciones graves del feto”. Ese aborto le iba a costar 1.200 euros. Como Jaquelin no podía pagar esa elevada cifra, la derivaron al SERMAS (Servicio Madrileño de Salud), donde le hicieron un volante para que le practicaran el aborto gratuitamente. En el volante constaba que Jaquelin solicitaba el aborto ajustándose al supuesto legal de “grave riesgo para la salud física o psicológica de la madre”.

Jaquelin protestó diciendo que ella no solicitaba el aborto, que se lo había recetado su doctora y que ese no era el supuesto legal… pero le dijeron que daba igual, que no se preocupara. El aborto iba a practicarse de cualquier forma.

Los días siguientes fueron terribles para Jaquelin, se sentía forzada a hacer algo que ella no quería. Ya tenía dos hijas, y sabía muy bien que en ese mes de embarazo el bebé está perfectamente formado. Pero su doctora le había insistido tanto en que la malformación producida por la radiografía realizada un mes antes era tan grave, que no había más remedio que abortar.

Una prima de Jaquelin nos llamó pidiendo ayuda, y fuimos a verla inmediatamente. Al día siguiente, gracias a un médico voluntario de la Fundación RedMadre, le hicieron una ecografía a Jaquelin, confirmando que su hijo (varón) estaba perfectamente sano, ninguna radiografía podría haberle dañado en su 4º mes de gestación.

Jaquelin acudió a su doctora para contarle la buena noticia, pero la doctora la recibió enfadada y le aseguró que su hijo nacería con una malformación grave y que ella cargaría con un hijo enfermo toda su vida. También del centro de abortos la llamaron para decirle que si perdía la cita se le iba a pasar el plazo legal. Las presiones para que abortara no querían ceder.

Pero Jaquelin mantuvo su decisión de seguir adelante con su embarazo, cambió de médico y tuvo el apoyo directo de una voluntaria de la Fundación RedMadre que la acompañó hasta meses después del parto.

Nació Alejandro perfectamente sano pesando 4.700 kg. Una preciosidad de bebé que cuando vino por la oficina ya tenía 4 meses.

Su sonrisa al vernos es algo que jamás olvidaré. Era una sonrisa “cómplice”, era como si Alejandro supiera quiénes éramos, como si ya nos conociera, y como si quisiera agradecer los esfuerzos para que su vida no terminara en un cubo de basura.

Esa sonrisa que Alejandro nos regaló hace que cada mañana merezca la pena el trabajo en apoyo a otras madres en apuros. Es la sonrisa que la vida nos ofrece.

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