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ORACIÓN DE INTERCESIÓN POR LOS HERMANOS 
07 de Febrero
Por Francisco Javier Alba

En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar.
Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca.»
Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.»
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios (San Marcos 1, 29-39).

COMENTARIO

Dice el Papa Francisco que la oración de intercesión, cuando pedimos al Señor bienes para otros, siempre es escuchada por el Señor.  Y así lo vemos en este Evangelio: “La suegra de simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella”. Inmediatamente los discípulos le hablaron a Jesús de ella, de la suegra de Simón, de su enfermedad en cama con fiebre. Y no le hablaron como el que habla por hablar, sino como el que intercede por un hermano enfermo. Y ¿qué aconteció tras esta oración de intercesión? Inmediatamente “Él se acercó, la tomó de la mano y la levantó”. Jesucristo, el Señor de la vida y de la muerte, de la enfermedad y la salud, actuó allí y en ese momento.

Nosotros no sólo hemos de interceder por los hermanos enfermos, sino que también hemos de estar agradecidos por las innumerables oraciones de intercesión que a favor nuestro han realizado muchos hermanos a lo largo de la historia. Y ¿Cuál ha de ser nuestra respuesta? Pues la misma que la de la suegra de Simón, que “se puso a servirles”. El servicio nace del agradecimiento, del humilde que se ha visto inmerecidamente curado de su enfermedad, de sus debilidades y de sus pecados.

Y ¿qué hicieron los discípulos al ser testigos de esta curación? Nos lo dice el mismo Evangelio: “le llevaron todos los enfermos y endemoniados”. Qué mejor bien, que mayor muestra de amor y de caridad que llevar los que sufren a Jesucristo. Los enfermos, los pobres, los hambrientos, los pequeños de la tierra, los desechos del mundo, todos ellos esperan en el fondo de su corazón encontrarse con Jesucristo. Y a nosotros los discípulos sólo nos toca llevarlos a Él. Y decirle, Señor, “todo el mundo te busca”.

Y seguirle a Él, porque como dice el mismo Jesús: “para eso he salido”, para esto ha venido al mundo, para que los ciegos vean, los cojos anden, los leprosos queden limpios.  A nosotros sólo nos toca anunciarle a Él.

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