Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|martes, junio 18, 2019
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¡Ven Señor Jesús! 

Toda sabiduría viene del Señor y está con él eternamente. Antes que todo fue creada la sabiduría; la inteligencia y la prudencia, antes de los siglos. La raíz de la sabiduría, ¿a quién se reveló?; la destreza de sus obras, ¿quién la conoció? Uno solo es sabio, temible en extremo; está sentado en su trono. El Señor en persona la creó, la conoció y la midió, la derramó sobre todas sus obras; la repartió entre los vivientes, segun su generosidad se la regaló a los que lo temen. (Si 1,1-10)

Se enconden los frutos y las guirnaldas, y los deseos socavados de nuestra piel, que no brotan, no consiguen aflorar para mostrar al mundo el misterio escondido de Uno que se entregó a la aniquilación por todos. Es nuestro canto la constatación de saber que en su voluntad está la vida plena y el anhelo de nuestra fe. Aun así, se revuelcan en la umbría los terrenales instintos, los pensamientos huidizos, las subrepticias vanidades… y en seguida nos desangra el cincel sobre las sienes: ¿dónde está tu Dios…?; o tal vez: ¿esto es todo lo que sabes hacer? Si esto es la fe, ¿para qué vale…? Taladra y barrena las pilastras y día a día se zarandean los cimientos en el combate a muerte que nos ocupa ya desde la aurora; porque el enemigo no sestea ni se distrae con estériles fantasías, sino que confunde y divide, y acusa, y porfía obstinadamente en patear la herida abierta, la debilidad manifiesta, la agridulce impotencia.

Lejos el ensueño y álcese el alma estéril de revolcarse en el fango, porque ya amanece una nueva estrella. Es un cordero descubriendo su cuello que viene a canjear nuestras deudas, a saldar las trasgresiones de todos, también de los más insignificantes; porque está- bamos condenados a los grilletes y el cadalso, y ha venido a sentarse en el madero de la tortura. Vayamos a Él con lágrimas de hondura y de triunfo, para que nada nos pueda distraer ni separar de su ternura; y así, cuando amanezca de gloria en su segunda venida, entre el terror y el espanto, entre la duda y el asombro, nos proteja bajo su silenciosa mirada vigilante.

Pues viene el Señor vestido de majestad y ceñido de poder, para doblegar al que nos martiriza, sometiéndolo con la verdad; y descendiendo al abismo nos acerca el Universo. Por eso, está sujeto el orbe y no vacila. Viene a sumir el caos en la mentira, a vestir de luto el infierno, a restituirnos el indulto coartado, a diluir en gracia la empecinada frustración que nos acosa.

Y así, resucitando de la muerte, ha hecho resurgir la humanidad de lo profundo del sepulcro y ha secado el abismo de nuestro llanto. Él, que ha sido engendrado antes que la estrella de la mañana, haga brillar la luz en los turbios ojos de nuestro corazón.

¡Ven, Señor Jesús!

Yo me voy, pero tú estás,

me escapo, huyo, subo, bajo,

me adentro, me escondo,

y allí estás tú.

Me elevo sobre la piara

y allí te encuentro,

me hundo en la ira,

me desangro en la liviandad

y en el desdén,

en la mugre y en los lodos

y allí estás tú,

siempre estás tú.

                                                         Jorge Santana.

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