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VIENTOS Y OLAS 
20 de Junio
Por Manuel Requena

Este día, al atardecer, les dice: «Pasemos a la otra orilla.»

Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con él.

En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» El, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: «¡Calla, enmudece!» El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza.

Y les dijo: «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?» Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: «Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?» (San Marcos 4, 35-40).

COMENTARIO

El místico y sintético Marcos tiene rincones con chispas de vida que incitan a perderse, o mejor encontrarse, en ellos. El evangelista del misterio y la luz parece que fuera solo Juan, pero Marcos también sabe soltar la sábana y quedar desnudo en su carrera, huyendo del mundo que lo quería atrapar aquella noche, en su huerto de olivos. Hoy, su modo de contar la travesía del lago proclama el misterio de fuerza que tiene la Palabra, como la luz del día que él vió personalmente en la orden del Maestro: “Este día, al atardecer, les dice: «Pasemos a la otra orilla».

Es una vocación de pascua. Lo hizo Israel y lo hacemos cada uno de nosotros cuando nos llama. Tras el atardecer de la vida, -algunos antes-, pasamos a la otra orilla, la orilla de la eternidad. Fue impresionante para Marcos, que cuenta la escena con precisión de titulares periodísticos y con detalles sólo suyos, como sello de su presencia allí: “Al atardecer” es un detalle propio que lo identifica. Y otro es que: “Iban otras barcas con ellos”. Si la barca de Jesús es la Iglesia, esa tarde noche “iban otras barcas” con Él, tantas como gente que le busca en el proceloso mar de la historia humana, quizás nos quiere decir marcos. Siendo un apunte solo marquiano, podría verse como otra nota autobiográfica de su gracia y orgullo como Evangelista: Él estaba allí en aquellas otras barcas.

Y Jesús durmiendo. Fundido físicamente por la predicación y el trato con la gente todo el día, poniendo toda la fuerza de su alma en la Palabra. O quizás no estuviese solo cansado y dormido; quizás estuviese soñando con nosotros, con el hombre de todos los tiempos que marcha junto a Él a la otra orilla, con sus miedos y su poca fe, pero agarrado a la fuerza y estabilidad de su Palabra. ¿Dormida de verdad? Dormir en aquel bamboleo no era nada fácil, pero temblar de miedo ante la enfermedad y la muerte es patrimonio humano. Nadie se libra del proceloso mar que hay que cruzar para llegar a la otra orilla.

Dice Marcos que a Jesús “lo llevaron como estaba en la barca”. Otro apunte de su presencia allí que algo nos quiere decir, porque ni Mateo, siendo Apóstol, ni Lucas lo cuentan así. Obviamente aún no estaba dormido Jesús cuando lo dijo. ¿Como ‘estaba’ en la barca? Quizás nos diga Marcos que lo llevaron “como era” en la barca, (os en, en el griego), es decir, valiente ante cualquier pronóstico del temporal que Pedro anunciaba. Es una de las cualidades humanas de Jesús hombre que destaca el Evangelio de Marcos: su valentía frente a los malos tiempos, pronósticos y contradicciones inevitables. Él siempre va hacia el Padre.

¿Y las otras barcas que van con la de Pedro a la otra orilla? Ni siquiera saben que alguien puede salvarlos. Son los hermanos hombres que incluso ahora, en otras barcas, solo ven olas y vientos peligrosos, y piensan “no tenemos remedio”. Con Jesús el valiente, si hay remedio.

Despertar al Señor de cielo y tierra, dormido en el corazón de cada uno, es misión de Pedro. ¿Cómo hacerlo? Marcos ensalza hoy el poder de la palabra de Jesús «¡Venid conmigo a la otra orilla…!¡Calla! ¡Enmudece!… ¡Cómo no tenéis fe aún!»

Qué bien nos vendría hoy manifestar ese poder contra los que levantan tempestades con sus mendaces antojos y palabras, y decirles ¡calla, enmudece! ya, y dejasen en calma nuestro mar.

Qué bien, además tener el asombro en silencio que permite preguntarse “¿Quién es este que calma tempestades y miedos?” No dice Marcos qué se respondieron los apóstoles y los que iban en las otras barcas a la pregunta, pero la respuesta escondida en el corazón dio en adelante sentido nuevo a paz en sus vidas. Alguien ¡por fin!, tenía palabras con fuerza de anular la mentira y dejarnos en la calma de la paz y la verdad. A veces “un hecho vale más que mil palabras”, pero aquí se queda corto, y una Palabra vale, sustenta y ordena mil hechos en la armonía de Dios.

En el mar de fondo y vendavales político-sociales, personales, de ideas, de salud física y moral que nos sacuden cada día, debemos despertar la fe en el hombre, porque Dios se hizo hombre y sigue mostrando el camino que cruza a la ‘otra orilla’, la orilla de la buena gente que espera humildemente el encuentro con el Poderoso dominador de vientos y mares; el que sigue llamando a los suyos con su poder de Dios que afianzó para nosotros tras su muerte y resurrección. Cuando se vive de cerca el oleaje de la muerte, propia o de los nuestros queridos, cercanos, creer en la Palabra es un salvavidas seguro, que además calma los vientos y los mares. Lo digo por experiencia.

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