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Ya está aquí el Esposo 
19 de Febrero
Por Jesús Bayarri

Entonces se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?» Jesús les dijo: «¿Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán (San Mateo 9, 14-15).

COMENTARIO

Es evidente que esta palabra nos habla del ayuno, pero como ocurre con tantas otras realidades Cristo parece relativizarlo, o mejor centrarlo en su significado más profundo, muchas veces alejado del que le atribuimos comúnmente, sin hacer un fin de lo que es sólo un medio. San Juan Crisóstomo ni siquiera lo menciona como uno de los caminos de la penitencia. Recuerdo que mi famoso profesor de cristología: Jean Galot, aseguraba que Cristo nunca ayunó. El mismo san Pablo, dice de aquellos judíos tan preocupados por el comer o no comer: “su dios es el vientre” (Flp 3, 19).

Si ayunar es un auxilio conveniente a la fragilidad de la carne tan sujeta comúnmente a sus tendencias y concupiscencias, no olvidemos que la Iglesia en su práctica litúrgica, poco menos que lo proscribe durante los días de la Cincuentena Pascual junto con otras manifestaciones de penitencia. La vivencia pascual, con gran cercanía del corazón al amor de Dios, en la presencia del esposo lo hace superfluo. Cómo abajarse ante Dios el día que él nos eleva al Paraíso; el día en que es restaurada nuestra dignidad humana y agraciada con la filiación divina.

Quizá la práctica del ayuno, como ocurre con otras realidades de la piedad o la ascesis, adquieren valor más que por el hecho en sí, por su relación con el amor, tantas veces sometido a la carne. Comer, o privarse de alimento, de sueño o de otros bienes, puede ser axiológicamente significativo, en la medida en que contribuyan a orientar el “corazón humano” hacia su fin último: “conversio a Deo, aversio ad creaturam”, pero en la medida que se vive la posesión, no tiene cabida la esperanza ni los medios para excitarla.

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